Sobre la Democracia de los Acuerdos

Jan 31, 2010

Arica, Noticias, Política

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Sobre la Democracia de los Acuerdos

Entre las primeras arremetidas del Presidente electo, que han sido varias, se encuentra la voluntad de poner en escena una versión 2.0 de la “política de los consensos”.

Por Gabriel Foppiano

Para poder contextualizar de manera efectiva el debate actual sobre la democracia de los acuerdos hay que remontarse a los últimos años de la dictadura. Existieron dos vías de salida hacia un régimen democrático: la primera consistía en que a través de la unidad de todas las fuerzas de oposición de la época y con el protagonismo de la ciudadanía se expulsara al tirano del cargo que tomó por la fuerza y poder así concordar un nuevo gobierno provisional que cambiara la Constitución de 1980 y los enclaves que dejó el dictador en Chile.

La segunda vía se trataba de concordar una salida pactada con el visto bueno de Estados Unidos, y de esa forma abrirse paso a una democracia tutelada en la cual las transformaciones fueran “en la medida de lo posible”, por lo que la idea era que la obra de la dictadura por lo menos a nivel macro no fuera tocada. Finalmente prosperó esta segunda opción, y ella dio origen a los gobiernos de la Concertación.

La democracia de los acuerdos o la política de los consensos tienen una relación simbiótica con la Constitución de Pinochet y el sistema binominal. Con el fin de realizar cualquier cambio de tipo estructural en nuestro país se requiere primero de la voluntad del ejecutivo (Chile tiene un sistema presidencial en que sólo el primer mandatario tiene iniciativa de ley en materias estratégicas) y segundo de una mayoría absoluta de 4/7 en el parlamento. Ese quórum calificado impuesto por la dictadura y el sistema binominal que tergiversaba la voluntad popular (dándole una sobrerrepresentación parlamentaria a la derecha) impedían cualquier cambio sustancial al sistema neoliberal y al régimen político chileno.

Pondré dos ejemplos de cómo funciona el binominalismo. Si analizamos la última elección senatorial en nuestra primera circunscripción, los ganadores fueron Jaime Orpis y Fulvio Rossi. Sin embargo, Salvador Urrutia tuvo una votación superior a la del candidato socialista (28,02% versus 27,1%), pero el 4,12% obtenido por el compañero de lista de Rossi le permitió salir electo a pesar de que perdió la elección. Gracias a ello muchos ariqueños que conocían el sistema binominal de nombre pudieron percatarse de sus nocivos efectos. El otro ejemplo consiste en la votación nacional de los partidos políticos en diputados. La UDI obtuvo el 23,04% de la votación nacional, en un sistema proporcional ese partido hubiera obtenido entre 27 o 28 diputados, porque esa cantidad corresponde al 23,04% de los 120 diputados. Pero no, la UDI obtuvo nada menos que 40 diputados, y debido a la sobrerrepresentación que le da el sistema binominal se han negado constantemente a modificarlo.

Con lo anteriormente expuesto no solamente quiero referirme a la derecha. Una de las reacciones que generó la propuesta de Piñera de reeditar la política de los acuerdos fue un rechazo por parte de un sector de la Concertación, aduciendo que correspondía a otro contexto histórico y se generó porque la sombra del tirano aún pesaba sobre el país. No obstante, desde mi punto de vista la política de los consensos desde que comenzó a finales de la dictadura jamás ha dejado de existir entre la Concertación y la derecha. Con la excusa del binominalismo y el quórum calificado del congreso el oficialismo se acomodó y renunció a las transformaciones que formulara desde el plebiscito y el triunfo del NO. Como bien lo señala el sociólogo Tomás Moulian en su libro “Chile Actual: Anatomía de un Mito” (que fue un best seller en la década de los 90) la Concertación abrazó las ideas del Estado subsidiario, la primacía del mercado, crecimiento por chorreo y el consenso en que economía de libre mercado y democracia representativa constituían el mundo feliz.

Para demostrar que el consenso (que incluso en variadas ocasiones se convertía en el cogobierno Concertación-Derecha) se perpetuó en el tiempo, basta analizar lo que sucedió con la “Rebelión de los Pingüinos”. La principal demanda de ese amplio movimiento social fue la derogación de la Ley Orgánica Constitucional de Enseñanza. El gobierno de Bachelet que fue bastante presionado por la magnitud de las movilizaciones y el apoyo ciudadano que tenían decidió convocar a un Consejo Asesor Presidencial que levantara una propuesta para cambiar la LOCE. Muchas de sus resoluciones iban encaminadas a cambios positivos en educación, sin embargo la Concertación no se puso del lado de los estudiantes y actores del movimiento, y finalmente el consenso con la derecha se impuso, y si bien en la nueva Ley General de Educación existen algunos avances, sólo significan un parche que no puede curar una enorme herida en la sociedad.

El acomodo en el poder y la desligación de los movimientos sociales fueron las causas de la derrota concertacionista en la última elección presidencial. Incluso gremios como la ANEF presidido por un radical como Raúl de la Puente se movilizaron en contra del gobierno. La derecha atribuye el desencantamiento de la ciudadanía con la concertación entre otros factores a la supuesta “izquierdización del conglomerado”. Mi hipótesis no va en esa dirección, más bien pienso que la derrota de aquella coalición fue causada por la misma política de los consensos que ahora Piñera quiere mantener en este nuevo contexto. El pueblo no pudo observar las diferencias que había entre los dos candidatos que llegaron a segunda vuelta, y percibió que la derecha podría administrar de mejor forma el mismo modelo.

La pregunta ahora es si la Concertación seguirá como tal y si mantendrá las concepciones que hasta ahora ha defendido y le significaron su derrota. En mi opinión si ello ocurre serán los chilenos quienes perderán. La situación demanda la construcción de una oposición amplia, democrática y unida que se diferencie claramente de la derecha, que detenga sus políticas involutivas y que proponga una sociedad más solidaria donde exista justicia social. No niego que en una democracia haya consensos, sin embargo desde un punto de vista dialéctico son los disensos los que permiten avanzar a los países, porque lo que no quiere la derecha es que el pueblo se informe y cuestione lo que sucede, para de esa forma pasar la aplanadora de manera más fácil.

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View Comments en “Sobre la Democracia de los Acuerdos”

  1. Mariana L. Says:

    Me parece que es tratar de dejar a la bestia a raya, cosa imposible porque la concertacion tiene mucha semilla sembrada ya y su fuerza es incalculable en el manejo politico, en vez de preocuparse de lo que hace una coalicion que claramente tiene por lejos masyor peso especifico que la alianza (o coalicion por el cambio), deben tratar de hacer un buen gobierno no importando lo demas, acuerdense que las promesas fueron muchas y bastante sobre-elevadas, y una mala gestion le puede significar a los nuevos una pasada de cuenta que sera dificil de revertir, esperando 20 años mas partiendo de la proxima eleccion de espera para un nuevo triunfo como el obtenido por el presidente electo


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